Por Agustín Jaureguiberry – Socio Principal de J & B

Los efectos de la pandemia y las largas restricciones a la actividad económica han introducido un escenario inesperado, en muchos casos negativo, pero también desafiante en materia laboral a futuro. Como es conocido, la situación del trabajo en lo contractual presenta diferentes aristas.

En las primeras semanas de la cuarentena muchas empresas, sobre todo las PYMES, se vieron imposibilitadas de abonar en tiempo y forma los salarios. Ello derivó en la introducción del programa ATP, abonando el Estado parte del salario, la autorización de suspensiones con rebaja salarial y, aún estando prohibido, el despido. Aun así, el impacto en los meses iniciales llevó a la pérdida de unos 247.000 empleos, a la suspensión de hasta 773.000 trabajadores. Con estos datos, el panorama del empleo a futuro era incierto.

Fue allí donde algunas empresas, a nivel de gran corporación, comenzaron a implementar el “traspaso de empleo”. En mayo General Motors cedió 15 empleados a Unilever, manteniendo el pago del salario en condición de suspendido hasta tanto se retorne a las actividades. Aquella los contrató en el marco de la Ley de Contrato de Trabajo con salario de Convenio y cargas sociales incluidas. Los ejemplos más conocidos fueron los realizados por Mercado Libre con la industria gastronómica para sumar a su planta a 200 trabajadores que estaban en serio riesgo de perder su empleo.

Dichas soluciones fueron realizadas dentro de los marcos legales vigentes garantizando el cumplimiento de los derechos del trabajador. Las empresas acordaban la cesión temporal del empleado, que formalmente seguía perteneciendo a aquella, pero comenzaba a realizar tareas en otra empresa; sea ello con la figura del empleo a plazo o con una relación indefinida desde su ingreso.

Durante ese tiempo, el empleado no podía ser despedido por la empresa de origen, salvo que decida renunciar y quedarse con su nuevo trabajo. Vemos entonces como una situación potencialmente negativa se transformó en una solución positiva y con mejores perspectivas.

Como es sabido, Argentina pone mucho foco en la protección del empleo, con leyes laborales rígidas. Pero cuando ocurren grandes crisis, muchos pierden el trabajo. En nuestro país la cobertura del seguro de desempleo es de tinte simbólica ($ 10.000 que se van reduciendo luego por etapas).

Con esta realidad y aquellos casos descritos, el desafío fue llevar la solución al mundo PYME. ¿Por qué? Las Pymes emplean al 70% de los trabajadores y son las que más sienten el peso de costos y regulaciones laborales. Asimismo, en ellas ocurrieron las mayores situaciones de suspensiones y despidos.

Aun con el retomar de la actividad en las industrias y bajas en las suspensiones (del 19% de empresas en abril a un 12% en Diciembre), se han recuperado solo unos 30.000 empleos. Las perspectivas de volver a los anteriores niveles de ocupación podrían tardar, al menos, tres años más.

Es entonces con este escenario que la herramienta del traspaso de empleos a nivel PYMES toma particular relevancia. Con un grupo de profesionales, hemos contactado a empresas que presentan realidades en donde les resulta muy complicado sostener sus actuales niveles de empleo, afectadas por la menor asistencia estatal.

Desde ya que pueden surgir inquietudes y obstáculos, pero tendemos a concentrar la propuesta y sus beneficios en un punto central de esta coyuntura: Continuidad en el ejercicio del trabajo con todo lo que ello conlleva para la salud física y psicológica, disminuyendo incertidumbre en el empleado.

También ello beneficia a la parte demandante, en tanto en su búsqueda laboral puede contratar a un trabajador ya con experiencia, formación y buenas referencias, no debiendo incurrir en mayores costos de recursos humanos o económicos para su convocatoria y selección.

 Estas experiencias pueden convertirse en una herramienta novedosa que, dentro del marco legal vigente, otorguen mayores grados de autonomía en las decisiones y relaciones entre las empresas con los trabajadores, sin afectar sus derechos. La posibilidad de ajustarse a una realidad que implicaría no utilizar parte de la fuerza laboral a medida que se recupera la actividad obliga a repensar el abordaje de estas cuestiones.

La dinámica del mundo actual opera más rápido que los cambios a las normas. Lo práctico prima sobre marcos de relaciones entre actores que tienden a ser obsoletos. El objetivo global debe ser como mejorar la organización y eficiencia de nuestras empresas, buscando soluciones creativas que incluyan y garanticen los intereses de todas las partes involucradas con un punto central: Sostener e incrementar los niveles de empleo.